© Coachingparati.es LA CIUDAD DE LOS POZOS VIVIENTES Esa ciudad no estaba habitada por personas. Esa ciudad estaba habitada por pozos. Pozos vivientes…, pero pozos al fin. Los pozos se diferenciaban entre si, no solo por el lugar donde estaban excavados, sino por el brocal. Había pozos pudientes y ostentosos con brocales de mármol… y de todo tipo, hasta los más pobres y humildes, que eran agujeros pelados que se abrían en la tierra. La comunicación entre los habitantes de la ciudad era de brocal a brocal y las noticias cundían rápidamente, de punta a punta del poblado. Un día llegó al poblado una moda, que seguramente había nacido en algún poblado humano: La nueva idea señalaba que todo ser viviente que se preciara, debería cuidar mucho más el interior que el exterior. Lo importante no era lo superficial, sino el contenido. Así fue como los pozos se empezaron a llenar de cosas. Algunos se llenaban de joyas, monedas de oro y piedras preciosas. Otros, más prácticos, se llenaron de electrodomésticos y aparatos mecánicos. Algunos optaron por el arte, y fueron llenándose de pinturas, pianos de cola y sofisticadas esculturas postmodernas. Finalmente los intelectuales se llenaron de libros, de manifiestos ideológicos y de revistas especializadas. Pasó el tiempo… La mayoría de los pozos se llenaron de todo. Los pozos no eran todos iguales, así que, si bien algunos se conformaron, hubo otros que pensaron que debían hacer algo para seguir metiendo cosas en su interior. A uno de ellos, en lugar de apretar el contenido, se le ocurrió aumentar su capacidad ensanchándose. No pasó mucho tiempo antes de que la idea fuese imitada. Todos los pozos gastaban gran parte de sus energías ensanchándose, para poder hacer más espacio en su interior. Un pozo pequeño y alejado del centro de la ciudad, empezó a ver a sus camaradas ensanchándose desmedidamente. El pensó que si seguía hinchándose de tal manera, pronto se confundirían los bordes y cada uno perdería su identidad… Quizá a partir de esa idea se le ocurrió otra manera de aumentar su capacidad, era crecer, no a lo ancho, sino hacia lo profundo. Hacerse más hondo, en lugar de más ancho. Pronto se dio cuenta que todo lo que tenía dentro le imposibilitaba la tarea de profundizar. Si quería profundizar debía vaciarse de todo su contenido… Al principio tuvo miedo al vacío, pero cuando vio que no había otra posibilidad, lo hizo. Vacío de posesiones, el pozo que crecía hacia dentro tuvo una sorpresa. ¡Muy en el fondo encontró agua!!! Nunca antes otro pozo había encontrado agua… El pozo superó la sorpresa y empezó a jugar con el agua del fondo, humedeciendo las paredes, salpicando los bordes y, por último, salpicando el agua hacia fuera. La ciudad nunca había sido regada más que por la lluvia, que de hecho era bastante escasa, así que la tierra alrededor del pozo, revitalizada por el agua, comenzó a despertar. Las semillas de sus entrañas, brotaron en pasto, en tréboles, en flores y en árboles. La vida explotó en colores alrededor del alejado pozo al que llamaron «El Vergel». Todos se preguntaban cómo había conseguido el milagro. «Ningún milagro, – contestaba – Hay que buscar en el interior, hacia lo profundo…». Muchos quisieron seguir el ejemplo del vergel, pero rechazaron la idea cuando se dieron cuenta que para ir hacia lo profundo debían vaciarse. Siguieron ensanchándose cada vez más, para llenarse más y más de cosas. En la otra parte de la ciudad otro pozo decidió correr el mismo riesgo del vacío… Y también empezó a profundizar y se llenó de agua… y salpicó hacia fuera creando un segundo oasis verde en el pueblo… « ¿Qué harás cuando se termine el agua? » – Le preguntaban. « No se lo que pasará, pero por ahora cuanta más saco, más agua hay ». Pasaron unos cuantos meses antes del gran descubrimiento. Un día, por casualidad, los dos pozos se dieron cuenta de que el agua que habían encontrado en el fondo era la misma. Que el mismo río subterráneo que pasaba por uno pasaba también por el otro. Se dieron cuenta de que se abría para ellos una nueva vida. No solo podían comunicarse de brocal en brocal, superficialmente, como todos los demás, sino que la búsqueda les había deparado un nuevo y secreto punto de contacto. La comunicación profunda que consiguen entre sí los que tienen el coraje de vaciarse y buscar en lo profundo de su ser…